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Declaración de las Iglesias Católicas Antiguas

Estatuto


La relación entre los obispos de la Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América y sus Iglesias se rigen por los siguientes Estatutos:

1. La Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América, es una unión de Iglesias y sus obispos que las gobiernan, con sucesión Apostólica comprobable de la Iglesia nacida en Utrecht, que están decididos a mantener y transmitir la fe católica, el culto y las enseñanzas esenciales estructurales de la Iglesia Indivisa del primer milenio.

La Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América encuentran sus orígenes en el desarrollo de la Unión de Utrecht el 24 de septiembre de 1889, en Utrecht, Holanda. Allí se tomó una determinación y se registró en tres documentos que formaron la Convención de Utrecht: la “Declaración”, el “Acuerdo” y el “Reglamento” (Estatutos).

La plena comunión de las Iglesias, encontró su expresión y fue evidente en la unión de los obispos para formar un Consejo Episcopal, al que otros más adelante se unirán según el criterio de su comunidad.

Esta Unión se ve reglamentada a la vez por su propio Reglamento, en el cual se hace posible una mejora en la vida eclesial de la Unión.

Dado que las Iglesias unidas continúan sosteniendo la Declaración de Utrecht como un documento normativo de fe, el desarrollo de la Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América sigue un diseño similar.

2. La Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América surgió porque ciertas Iglesias antiguas comenzaron unilateralmente a ordenar mujeres al sacerdocio y a celebrar el sacramento del matrimonio entre personas del mismo sexo en oposición a la Sagrada Escritura.

3. La Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América, confiesa la fe católica tal como se expresa en los primeros siete Concilios Ecuménicos y expresados en toda la Iglesia Indivisa.

La Declaración de Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América, afirma los principios de la Declaración de Utrecht, que fue formulada en respuesta a los decretos del Concilio Vaticano I. Cada declaración reconoce la precedencia histórica del obispo de Roma como primus inter pares, pero rechaza los dogmas papales de dicho concilio y otros pronunciamientos que están en desacuerdo con la doctrina de la Iglesia Antigua. Ambas declaraciones afirman la fe en la esencia y el misterio de la Eucaristía. A ello nos debemos en confirmar la celebración de los siete sacramentos, como forma de santificación de cada uno de sus miembros.

Además, es obligación de la Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América esforzarse por superar las divisiones en la Iglesia y, sobre la base de la fe de la Iglesia indivisa, restaurar la unidad y la comunión con otras Iglesias.

Como se ha reconocido y expresado cada vez más claramente a lo largo del tiempo, la original Unión de Utrecht y la Convención de Utrecht, implican una eclesiología específica que continúa siendo la eclesiología de la Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América.

4. La Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América, preservan una identidad como tal, dándose a conocer a través de su identidad, su liturgia y espiritualidad.

Tomándose como punto inicial de identidad su sentir como Iglesia y como expresión en América, razón geográfica de nuestra realidad.

La liturgia como expresión de Cristo Sacerdote, Víctima y Altar, nos debe de unir en una sola liturgia que hace posible una identidad clara y fuerte, frente a otras comunidades. A la vez la espiritualidad nos centra en base a nuestro actuar y misión.

5. Esta eclesiología presupone que:

5.1 Cada Iglesia local es una comunión de personas, reconciliadas en Jesucristo, que por la efusión y la obra continua del Espíritu Santo se constituyen en unidad en un determinado lugar.

Cada Iglesia local se reúne en torno a un obispo con la Eucaristía como centro.

La Iglesia local es una Iglesia completa que realiza sus tareas de forma autónoma en ese lugar determinado.

Cada Iglesia local es una representación de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica, que Cada Iglesia local vive la fe común y tiene una estructura sinodal indispensable que une al clero y al laicado, expresando así su comunión y unidad.

5.2 Cada Iglesia local es “católica”, porque participa y encuentra su unidad, en toda la realidad de salvación y verdad que comprende a Dios y al hombre, al cielo y a la tierra. La catolicidad de cada Iglesia local, se manifiesta en la unidad y comunión que comparte con las demás Iglesias locales, percibidas como idénticas en sus creencias esenciales y en la obra redentora del Dios Trino.

La unidad y comunión de las Iglesias locales es expresión de la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia, ya sea que estén organizadas como Iglesias nacionales, provincias eclesiásticas o patriarcados. Esto no implica una especie de superdiócesis de ninguno de las dos: dimensión suprarregional o universal, sino más bien una comunión de obispos y sinodalmente Iglesias locales organizadas.

Es en esta perspectiva que la relación entre la autonomía de la Iglesia local y su obligación con su Iglesia nacional, provincia eclesiástica o se entiende el patriarcado.

5.3 Cada Iglesia local es el Cuerpo de Cristo y sus miembros son el pueblo de Dios.

Es la historia de la salvación que Dios comenzó con la renovación de la creación a través de su promesa a Abraham y sus descendientes, y cumplió esa promesa a través de la Encarnación de Jesucristo. En Cristo y a través de Su Iglesia, Dios abrió a todos los pueblos la bendición prometida a Abraham. Mediante el bautismo se convierten en “linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido” (ver 1 Pedro 2:9).

Sus miembros son bautizados y confirmados en el nombre de la Santísima Trinidad y así están unidos en Cristo, por la Eucaristía se nutren y unen en Cristo y son santificados por los dones del Espíritu Santo para vivir una vida común en testimonio, adoración y servicio.

En el camino de la salvación han de andar todos sus miembros viviendo el kerigma y esperanza, propia del cristiano.

5.4 En continuidad con sus orígenes apostólicos, la Sucesión Apostólica es fundamental para la catolicidad de la Iglesia. La Sucesión Apostólica se imparte cuando un candidato elegido por el sínodo para obispo, es válidamente consagrado mediante la oración, la unción y la imposición de manos de obispos que poseen la Sucesión Apostólica.

Ya sea en Palabra y Sacramento, doctrina y ministerio, o en la Sagrada Tradición, lo que la Iglesia ha hecho y sigue haciendo, ha tenido como origen la misión de Jesucristo que fue encomendada a sus Apóstoles, vivificada por el Espíritu Santo, y transmitida por ellos y sus sucesores los obispos.

Hay una igualdad entre los obispos de las Iglesias que están en plena comunión, ya que por el diseño de Cristo, cada Iglesia es supervisada por su obispo. Se entiende que la plena comunión existe sólo entre los obispos en quienes reside la Sucesión Apostólica de la Iglesia.

Para “obispos en plena comunión” se debe compartir la naturaleza sacramental de la Iglesia, una cierta relación o colegialidad que debe existir. Entiéndase que, para abrazar esta colegialidad de los obispos: “Donde esté el obispo, allí esté la multitud de los creyentes; incluso como donde Jesús es, ahí está la Iglesia Católica.”

El término “colegialidad” se utiliza para expresar la relación que los obispos comparten entre sí como sucesores de los Apóstoles. En su papel de pastor cada obispo enseña, santifica y gobierna por la gracia del Espíritu Santo.

Los obispos de la Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América se reúnen en el Consejo Episcopal Vétero de América (CEVA).

Debido a las circunstancias, las Iglesias miembros se encontraron a sí mismas y conscientes de su historia, e hicieron realidad la Declaración y Unión de las Iglesias Católicas Antiguas de América, y para continuar su camino ecuménico se esfuerzan por alcanzar esa unidad por la que oró Jesús. El estándar es la unidad de Iglesia antigua e indivisa. A través de esta Declaración y Unión, dichas Iglesias continúa preservando y manteniendo el verdadero y genuino catolicismo antiguo.